Nuestra Identidad

Muchas veces se me ha preguntado acerca de la identidad metodista y siempre he explicado este tema. Sin embargo, a pesar de haber pasado el tiempo he podido comprobar que este asunto aún no es muy claro para muchos metodistas de nuestro tiempo.

Y no es que no haya literatura al respecto, sino que pareciera que no se ha explicado con claridad y sencillez esta interrogante.

Hoy en día tenemos a la mano las Obras de Wesley en 14 tomos y en idioma español, gracias al esfuerzo del Rev. Elbert Wethington, quien es Presidente del Directorio de la Wesley Heritage Foundation, Inc. y a todo un equipo de traducción.

Esta valiosa colección nos ha llegado como parte del Pacto que tenemos con la Conferencia de Carolina del Norte de la Iglesia Metodista Unida (USA). Existe pues, abundante información sobre nuestra identidad metodista. ¿Cuál es la dificultad entonces?.

No hace mucho un grupo de jóvenes me solicitaron que pudiera exponer una ponencia sobre la Identidad Metodista en un seminario de capacitación. Sin dudarlo acepté el reto una vez más.

En la medida que iba bosquejando los temas a tratar sentí la necesidad de escribir este documento para que pueda estar al alcance no sólo de los jóvenes sino de todo metodista interesado en conocer más acerca de nuestra identidad.

Es así que comencé a reunir toda la información posible y escribir de una manera sencilla y clara sobre este asunto.

Espero que este material al ponerlo al alcance de todos los metodistas sirva para clarificar de una vez por todas nuestra identidad y ya no nos dejemos influenciar por cualquier viento de doctrina que aparezca en el horizonte, sino más bien, nos permita realizar la Misión con eficacia y en amor, especialmente en aquellos que aún no conocen el Evangelio redentor de nuestro Señor Jesucristo.

Hay muchos que están ávidos de escuchar algo nuevo para sus vidas y no lo encuentran. Están en la calle, en la escuela, en el tren, en el hogar, en la oficina, en los negocios, en los estadios, en el Congreso, en Palacio y en cualquier otro lugar.

Si este esfuerzo cumple su cometido en cada metodista, me sentiré complacido de haber aportado un granito más de arena en la Misión de nuestra Iglesia. Doy gracias al Señor por haberme concedido este privilegio inmerecido. A Él sea la honra y la gloria por todos los siglos. Amén.