El Movimiento Metodista

1. La Santidad Personal y Social

Los Wesley afirmaron en lo esencial los Artículos de Fe de la Iglesia de Inglaterra y sus prácticas. Organizaron sociedades de individuos, en su mayoría miembros de la Iglesia de Inglaterra, para participar en una vida disciplinada de oración, alabanza y compromiso social.

Establecieron reuniones de clases dentro de las sociedades Metodistas con el propósito de promover la participación regular en cada aspecto de la vida de las sociedades. De esta manera, la fe y la vida cotidiana se afirmaron como una unidad.

Los Metodistas sostuvieron que el amor redentor de Dios en Jesucristo es personal, experiencial, intelectual y social: un amor para toda la gente en todo lugar y tiempo. La conversión significaba vidas transformadas y una nueva vida.

Cuando seguimos a Jesucristo con el propósito de convertirnos en instrumentos del amor de Dios en el mundo, nuestras vidas adquieren propósito. Ya no podemos conformarnos con un cambio personal.

A medida que crecemos en una relación de santidad con Dios, nuestro cambio también tiene que afectar al mundo que nos rodea. Para los Wesley era inconcebible hablar de santidad personal sin santidad social.

2. Una Fe Evangélica y Sacramental

Además de sus énfasis en la autoridad de las Escrituras, el don de la razón y el valor de la tradición, que caracterizaban a la Iglesia de Inglaterra, los Wesley subrayaron la experiencia. La fe abarca la totalidad del individuo: cuerpo, mente y emociones. Podemos conocer y sentir el amor de Dios en nuestras vidas.

¡El amor redentor de Dios en Jesucristo puede conocerse y experimentarse personalmente! Esto se pone de manifiesto cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y la fuerza central de nuestra vida y cuando nos mantenemos en comunión constante con Dios a través de la oración y el sacramento de la Cena del Señor, una comida común que afirma el amor sacrificial de Dios como una manera de vivir cada día.

3. Una Fe que Canta

El Metodismo se convirtió en un movimiento que canta. El mismo Charles Wesley se consagró a la tarea de escribir himnos que abarcaban la fe y la vida. El y su hermano John publicaron muchos de esos himnos en panfletos e himnarios para circulación entre las sociedades Metodistas.

Durante su vida, Carlos escribió unos 9,000 himnos y poemas. John, también un excelente compositor de himnos, a menudo editó los himnos de su hermano para su publicación. John coleccionaba y publicaba melodías apropiadas para esos himnos.

Las palabras amar, conocer y sentir ocupan un lugar central en los textos que Charles y John compusieron. Los hermanos Wesley creían que, aun cuando el individuo puede asentir intelectualmente al conocimiento que Dios ha personificado en su amor sacrificial por toda la humanidad a través de Jesucristo, de todos modos debe sentir dicho amor en su propia vida y a través de la misma.

4. La Mente y la Fe

El interés de los Wesley en la educación y la preparación y publicación de materiales pronto comenzó a caracterizar al movimiento Metodista. Dios había otorgado a todos el don de la mente, el cual debía extenderse de tal manera que abarcase el conocimiento y la experiencia de Dios y la creación, así como de la condición humana. Por lo tanto, los hermanos Wesley escribieron materiales para enriquecer la fe y el entendimiento.

John publicó numerosos sermones y las Notas aclaratorias sobre el Nuevo Testamento. Ambos recursos, junto con los himnos de su hermano y el Libro de Oración Común de la Iglesia de Inglaterra, formaron el núcleo de las creencias Metodistas.

Los Wesley también creían que los hombres y las mujeres, creación de Dios, tenían que comprender tanto como les fuera posible la universalidad de la experiencia humana. Por esta razón, John publicó varias obras (algunas de ellas eran ediciones abreviadas de otros autores) sobre historia mundial, geografía, electricidad, el arte de cabalgar, etc.

Los siguientes énfasis son esenciales a la creencia y la práctica Metodistas: la autoridad de las Sagradas Escrituras; la iglesia como cuerpo de Cristo; un encuentro personal con Dios mediante la revelación de Jesucristo; la alabanza de Dios mediante el canto; una vida de oración y adoración; el testimonio interior del Espíritu; una disciplina de estudio, compromiso social y fidelidad a los sacramentos de la iglesia (el bautismo y la Santa Comunión), y la búsqueda de una santidad personal y social. Los Wesley también popularizaron muchos énfasis surgidos con la Reforma protestante, en particular el sacerdocio de todos los creyentes y la justificación por la fe.

5. La Misericordia y la Justicia

Desde los orígenes del movimiento Metodista, los Wesley insistieron en una comunidad de fe comprometida socialmente, lo cual explica que visitaran prisiones, construyeran escuelas para los hijos de los mineros, ministraran a los pobres en las fábricas y talleres urbanos y les proveyeran alimentos, ropa, abrigo y cuidado médico.

A la luz de la comprensión que los hermanos Wesley desarrollaron de la Escritura, dicho compromiso constituía un imperativo para los seguidores de Jesús. Amar como había amado Jesús exigía que uno viviera una vida de misericordia y justicia en todas las cosas y para con todas las personas.

 6. El Rol de la Mujer

Desde sus comienzos, el movimiento Metodista se enriqueció gracias al liderazgo y el ministerio de las mujeres, quienes a menudo le enseñaron a la comunidad de fe cómo vivir la vida cristiana a través de la adoración en fidelidad; el estudio; la disciplina; el cuidado de los pobres, los enfermos, los agonizantes y los desposeídos, así como a través de su ministerio como maestras y testigas de la fe.

Frecuentemente las mujeres también desempeñaron roles pastorales un cuando no estaban oficialmente ordenadas.

7. El Ministerio Itinerante

En virtud de su afiliación con la Universidad de Oxford, John y Charles Wesley asumieron un ministerio itinerante. Atraversaron toda Inglaterra, a menudo a caballo, así como Irlanda, en misiones de predicación.

De este modo pudieron establecer una red de sociedades Metodistas, las cuales funcionaron como centros de vida congregacional y comunitaria. Los Wesley no tenían la menor intención de usurparle energías y recursos a la vida congregacional de la Iglesia de Inglaterra; por el contrario, todo cuanto anhelaban era revitalizarla. Ejemplo de ello es el hecho de que, durante los primeros años del movimiento, las sociedades Metodistas no sirviesen la comunión a sus miembros; por el contrario, los animaban a que la tomasen en sus respectivas parroquias.

Según la ley canónica de la Iglesia de Inglaterra, nadie podía predicar dentro de los límites de una parroquia sin el consentimiento del pastor local, de allí que muchos se opusieran a la predicación itinerante de los Wesley y que los vieran como provocadores. La década de los 1740 fueron años particularmente difíciles para los Wesley y el movimiento Metodista. Con frecuencia fueron víctimas de populachos violentos y burlas incontables.

A veces las turbas destruyeron los hogares donde los Metodistas se reunían para predicar. Se los atacó personalmente, y a Carlos incluso se lo acusó de traición.

8. La Conexión Metodista

La red de sociedades Metodistas requería supervisión, educación y cuidado. El problema es que no habían suficientes pastores ordenados de la Iglesia de Inglaterra que simpatizaran con el movimiento como para cubrir todas las necesidades de enseñanza y predicación. En consecuencia, los Wesley implementaron un programa de predicadores laicos.

Se estableció una reunión o conferencia anual para supervisar el trabajo de la conexión, término que todavía caracteriza la forma de gobierno del Metodismo Unido.

En la conferencia anual se reúne un número igualmente representativo de ministros y laicos de una determinada área geográfica para ocuparse de los asuntos de la conexión.

En el presente, los Metodistas se conectan entre sí mediante una red de conferencias, las cuales se reúnen anualmente para cultivar el compañerismo, adorar y procesar las necesidades políticas y de organización de las iglesias.